DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES

No contexto das "acampadas", divulgamos um texto que ajuda a reflectir sobre formas de democracia, agora que muita gente está na rua a questionar o actual modelo de sociedade. Para ler em pdf, com formatação correcta e notas, clicar aqui.

 

DE LA DEMOCRACIA DELEGADA DISTRIBUTIVA A LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS CONVERSACIONALES
Manuel Montañés Serrano
[Artículo incluido en el libro titulado Reparto: Presupuestos Participativos y
Autogestionados en Las Cabezas de San Juan. Atrapasueños, Sevilla, 2004]

INTROITO
La democracia delegada y su dispositivo de participación distributiva [léase
las consultas electorales] no son los medios más acertados para conocer el
modo que mayoritariamente la población considera más adecuado para
solucionar, o al menos paliar, todos y cada uno de los problemas sociales
que inquietan y preocupan a la ciudadanía. Como se mostrará
seguidamente el que los resultados de las elecciones proporcionen a una
opción electoral el mayor porcentaje de representantes no significa,
necesariamente, que esa opción represente los intereses, deseos y
necesidades sociales de la mayoría de la población. Para conocer tanto las
necesidades sociales como el modo que mayoritariamente se considera
más pertinente para atenderlas, se ha de propiciar procesos participativos
conversacionales.
En este capítulo se dará cuenta de uno de los modos posibles de producir,
participadamente, tanto conocimiento como propuestas de actuación con
las que atender las necesidades que mayoritariamente la población así las
considera. El propósito que se persigue con la exposición es el de contribuir
al desarrollo de las democracia participativas. Dicho en plural, pues no se
pretende fijar un modelo a imitar. Serán las especificidades de cada
realidad concreta las que marcarán el concreto camino que ha de configurar
los procesos participativos conversacionales.

¿POR QUÉ LLAMARLA DELEGADA Y NO REPRESENTATIVA?
El adjetivo de delegada no lo recibe porque se elijan delegados que tengan
la función de ejercer de meros portavoces, y cuya revocación puede tener
lugar en cualquier momento, sino porque se delega en otros la facultad
para tomar decisiones que afectan a la vida pública y privada de la
ciudadanía. Y, aunque se delegue en otros, no puede ser considerada
representativa porque para que así fuese la parte [la muestra] debería, en
la misma proporción, reproducir el todo [el universo al que pertenece la
muestra].

¿Quién representa a los que se abstienen?, ¿y a los que votan a un partido
que no alcanza el 5% ó el 3%, según sean unas u otras elecciones?. Otra
pregunta: ¿cada representante representa al mismo número de
representados? La respuesta es no. En virtud de la aplicación de la Ley de
D ́ Hont, no todos los representantes representan al mismo número de
representados. Por ejemplo, según los resultados de las últimas elecciones
municipales celebradas en Madrid (mayo de 2003), el Partido Popular
obtuvo un concejal por cada 29.142 votos; el Partido Socialista Obrero
Español lo obtuvo por cada 29.769, e Izquierda Unida por cada 30.755
votos.
Esta desproporcionalidad se acentúa aún más en las elecciones generales al
Congreso de los Diputados. Como se sabe no hay una circunscripción
electoral única, y, como no todo el mundo sabe, a cada circunscripción se le
asigna un número de diputados que no se corresponde con el peso
específico (el tamaño relativo) del cuerpo electoral de cada una de ellas.
Así, por ejemplo, según los datos de las últimas elecciones generales
(marzo, 2000), Soria, con un censo electoral de 79.509 personas, tenía
asignados 3 diputados, mientras que a Madrid, con un censo electoral de
4.316.674 personas, le correspondían 34 diputados. Puede decirse,
electoralmente hablando, que cada soriano, en las últimas elecciones, valió
por 4,79 madrileños.
Además de la asignación desproporcional se ha de tener en cuenta que los
efectos de la aplicación de la Ley de D ́ Hont se hacen más notorios en
ámbitos en los que el número de diputados a elegir no es muy grande,
pudiéndose dar el caso, como refleja el cuadro adjunto, que a un partido
que obtenga 35% más de votos que otro, sin embargo, agraciado, por la
Ley D ́Hont, se le asigne un 300% más de representantes; y un tercer
partido que haya superado el 5% de los votos no obtenga acta de diputado
alguna.

La ausencia de una circunscripción única o, al menos, de una que recogiese
todos los restos que se quedan sin representación, junto con la aplicación
de la Ley de D ́ Hont hacen que no exista una correcta correspondencia
entre el número de votos que reciben los partidos que concurren a las
elecciones y el número de actas de diputados que cada partido consigue
tras el recuento de las papeletas electorales. Sin embargo, ésta
circunstancia no impide que en el Congreso de los Diputados cada voto de
cada diputado valga lo mismo, esto es, uno, por ejemplo, pongamos por
caso, en el pleno donde se decide si España ha de apoyar o no la guerra
contra Irak.


PROGRAMAS ELECTORALES Y NECESIDADES Y DEMANDAS SOCIALES
Como se puede apreciar, los criterios empleados para distribuir los escaños
desajetivizan de representativa a nuestra presente democracia. Y aunque
los escaños se distribuyeran proporcionalmente de acuerdo con el número
de votos obtenidos quedaría pendiente la contestación a la siguiente
pregunta: ¿la opción electoral que obtiene el respaldo mayoritario
representa los intereses de la mayoría de la población?
Habría que contestar con un no si nos remitimos a la desintonía que
respecto a la guerra ha existido entre el Parlamento Español y la población
española: mientras el Parlamento, por mayoría absoluta, apoyaba la
intervención militar de Estados Unidos en Irak, más del 90% de los
españoles se oponían a ello.
Si la desintonía ha sido de tal magnitud, por qué, entonces, en las últimas
elecciones autonómicas y locales (mayo, 2003) no ha sido barrido del mapa
electoral el partido que se ha opuesto al deseo del 90% de los españoles.
Múltiples son las respuestas que se pueden dar, pero todas ellas nos
remiten a que distintas lógicas operan en una y otra circunstancia. Se
opera de diversa y distintos son los sistemas de medida utilizados para
medir distintas realidades sociales. Si estamos compitiendo en una carrera
de atletismo lo que se persigue es llegar el primero a la meta; en cambio
en un partido de fútbol, el objetivo es meter goles, pero, ¿qué pensaríamos
si un partido de fútbol no lo ganase el equipo que más goles hubiese
metido sino el que más kilómetros hubiese recorrido en el transcurso del
encuentro?. No sería extraño sentirnos estafados. La perplejidad nos
invadiría.
Algo similar acontece cuando queremos encontrar respuestas a lo que
acontece en el campo del juego electoral con la lógica de las demandas
sociales: Las elecciones miden las opciones electorales y no, en la misma
dimensión, las propuestas sociales con las que solucionar los problemas
sociales. Puede decirse que la opción electoral mayoritariamente elegida
representa los intereses electorales de la mayoría de la población, pero no,
necesariamente, representa los intereses e inquietudes sociales de la
mayoría de la población.
Utilicemos para ilustrar la afirmación realizada los resultados de las últimas
elecciones municipales al ayuntamiento de Madrid. En estas elecciones, el
Partido Popular obtuvo el 51,08% de los votos. Todos los medios de
comunicación, sin distinción alguna, coincidieron en sus titulares:
"Gallardón arrasó". Lo que venía a significa que Gallardón cuenta con el
respaldo de la mayoría de los madrileños. O lo que es lo mismo, para la
mayoría de los madrileños el programa del PP responde a sus intereses y
necesidades sociales. Si embargo, si tenemos en cuenta que la abstención
fue secundada por un 31,10%, que el 1,60% de los votos fueron en blanco
y que los nulos representaron el 0,44%, tan sólo el 35% de los madrileños
con derecho a voto eligió al PP. En consecuencia, se puede decir que de
cada diez madrileños con derecho a voto 6,5 (o sea, el 65%) no se
decantaron por la candidatura encabezada por Gallardón. De lo que se
puede colegir que, tras conocerse los resultados definitivos de las
elecciones municipales, el número de madrileños que vieron satisfechos sus
deseos electorales fue muy inferior al de los que no los vieron satisfechos.
Si bien, tal y como habitualmente se procede, se dirá que si gobierna la
opción que ha obtenido el respaldo mayoritario se conseguirá que el
tamaño del conjunto formado por los insatisfechos, ajenos e indiferentes
sea el más pequeño posible. Concretamente, atendiendo a los resultados
electorales, si el PP gobierna, ese conjunto lo constituiría el 69% de la
población madrileña, mientras que si gobernase el PSOE, el conjunto lo
constituiría el 74,84% de la población madrileña, y si gobernase IU lo
constituiría el 95,5% de la población madrileña.
Se puede afirmar, por tanto, que de todos los programas electorales el
Partido Popular no es el que la mayoría de los ciudadanos del municipio de
Madrid considera más adecuado para atender sus necesidades y demandas
sociales pero sí el que más ciudadanos del municipio de Madrid así lo
consideran.
Ahora bien, ¿se podría afirmar, igualmente, que el programa del PP es el
programa que más ciudadanos del municipio de Madrid consideran que es
el que mejor puede atender sus necesidades y demandas sociales?
Habría que contestar afirmativamente si la realidad sólo admitiese ser
medida con una lógica que sólo considerarse la negación activa del tipo A y
lo contrario de A, tal y como las consultas electorales fuerzan que así se
proceda, en donde la elección es excluyente. Vale decir, como si decantarse
por una opción electoral supusiera estar en contra al cien por cien de otra u
otras opciones. Si embargo, la realidad no sólo admite mediciones
nominales digitales sino también graduales analógicas del tipo A me gusta
más o menos que B.
Obvio es que no todos los que se abstienen están en contra de todas y
cada una de las propuestas recogidas en los, respectivos, programas
electorales. Seguro que quienes se abstienen están de acuerdo con algo del
programa de un partido que concurre a las elecciones. Y seguro, también,
que a los que votan siempre hay algo que no les gusta de la opción que han
elegido, y siempre hay algo que les agrada de las otras opciones no
elegidas. De ahí que se diga que no necesariamente la opción electoral que
obtiene el mayor porcentaje de representantes, aunque obtenga la mayoría
absoluta, ha de representar los intereses, deseos y necesidades sociales de
la mayoría de la población. No necesariamente es así, porque las
consultas electorales permiten conocer el tamaño que alcanza cada
opción, pero no nos permiten conocer las características internas
de cada agrupación, ni las relaciones grupales que mantienen
quienes se decantan por una u otra opción.
Las consultas electorales, en las que se elige individualmente entre
distintas opciones, se convocan para medir cada una de las
opciones que se presentan. Para ello se utilizan unas unidades de
medida muy singulares. Estas unidades de medida son los propios
seres humanos. Unos seres humanos utilizan a otros seres humanos
como unidades de medida. Si se obvia ésta circunstancia, se carece de
argumentos para afirmar que la opción que obtenga la mayoría no
necesariamente representa los intereses de la mayoría de la población, sin
embargo, sí tendremos argumentos para mantener la afirmación
pronunciada si no pasamos por alto que cada unidad de medida es
asimismo un sistema de medida, esto es, si tenemos en cuenta que cada
persona utiliza su particular e intransferible criterio -ya que nadie se puede
meter en la cabeza de nadie- para decantarse por una u otra opción, o, lo
que es lo mismo, si tenemos en cuenta que diferentes son los motivos por
los que se coincide en elegir la misma opción electoral, e incluso similares a
los que se decantan por opciones diferentes a la elegida.
Si conociéramos las motivaciones que llevan a cada persona a
elegir una opción determinada y las valoraciones que de las otras
opciones se hace, se podrían establecer grupos por afinidad. Si así
se hiciera, con toda seguridad, ni las características ni el tamaño de
los grupos se corresponderían con el de las agrupaciones resultantes de
la suma de las adhesiones individuales. Entre otras cuestiones porque la
opción preferente no necesariamente ha de coincidir con la opción
preferida. Puede ocurrir, entre otras circunstancias, que personas que
votan a una opción prefieran otra. Puede ocurrir que no se vote a la opción
preferida porque se crea que la misma no alcanzará un resultado óptimo -
recuérdese el voto útil-, y, de acuerdo con el cálculo de ganancias y
pérdidas, se vote al que supone que menos pérdidas pueda ocasionar.
Piénsese en el último Congreso de PSOE, Rodríguez Zapatero alcanzó la
Secretaría General con algunos votos del sector "guerrista" que no veía con
buenos ojos que José Bono se hiciese con el control del Partido Socialista,
pues, este sector pensaba que si el presidente manchego accedía a la
Secretaría General ejercería un control total de partido, con lo que el sector
"guerrista" sería marginado de los órganos de gobierno, pero dado que
finalmente los "guerristas" no consiguieron ningún puesto en la ejecutiva
socialista, no puede afirmarse que este sector se sintiera muy feliz al ver
que la opción que votaron obtuviera la mayoría. O, al menos, no tan felices
como aquellos que coincidieron en votar la misma opción pero que
pertenecían a la corriente liderada por el nuevo secretario general.
Que gane la opción por la que se ha optado y que no se alcancen los
objetivos que con tal decisión se pretendía conseguir, es más habitual de lo
que la lógica aristotélica pudiera determinar.
No lo es porque la realidad social no se deja encerrar por la lógica
aristotélica.
Como se sabe, la lógica aristotélica se sustenta en tres principios. Principio
de identidad: A es igual a A; de no contradicción: A no puede ser lo
contrario de A; y tercero excluido: entre A y su contrario no puede haber
ningún término intermedio.
Los seres humanos somos seres complejos (algunos también complicados),
que en nuestros quehaceres aplicamos una lógica compleja que rompe con
los principios aristotélicos. Para ello aplicamos distintas estrategias, que
podemos resumir como la estrategia del compromiso, la
compartimentación, y la oscilación (RAMOS: 1996: 174).
Mediante el compromiso, se hace a la vez una cosa y su contrario. De esta
manera se hace añicos en tercero excluido. Se crea una figura que aglutina
una realidad y su contraria. Por ejemplo, se vota a la izquierda y a la
derecha mediante el recurso al centro.
Mediante la compartimentación, se hace una cosa y otra en distintos
lugares y/o momentos, quedando anulado, de esta forma, el principio de
identidad. No se es el mismo en todo tiempo y lugar. En las elecciones
generales y locales se vota a un partido de izquierdas, y en las autonómicas
a un partido nacionalista de derechas. Por ejemplo, se vota a Iniciativa per
Catalunya en las locales y a CiU en las autonómicas.
Mediante la oscilación entramos en un círculo vicioso. Si se cumple lo que
se enuncia se desborda el enunciado. O dicho de otro modo, hacer una
cosa implica hacer su contrario. Esta estrategia rompe el principio de no
contradicción que dice que A no puede ser lo contrario de A. El ejemplo
antes mencionado, el de la elección de Zapatero como Secretario General
del PSOE, es especialmente ilustrativo: los "guerristas" votan a Zapatero
para que Bono no gane y así poder tener presencia en la ejecutiva, pero
precisamente al votar a otra corriente no pueden escenificar el peso
específico que esta corriente tiene, quedándose, en consecuencia, fuera de
la ejecutiva.

LAS ELECCIONES PRODUCEN UN OBJETO QUE COBRA EXISTENCIA
AL SER MEDIDO
La estrategia empleada por los "guerristas" tuvo un efecto perverso (un
efecto no deseado), pero tampoco las demás estrategias aplicadas en el
ámbito electoral garantizan que se consiga lo que se pretende. No son una
garantía porque la participación en las elecciones produce un objeto
complejo que escapa del control de la inmensa mayoría de los que lo
producen. Sólo quien lo controla disfruta de los efectos de la estrategia
empleada. Por ejemplo, en el primer caso, en la estrategia del compromiso,
quien opta por el centro y controla el objeto electoral, miel sobre hojuelas,
pues quien dice que está con unos y con otros no está ni con unos ni con
otros, utiliza a unos y a otros para su provecho personal. No
experimentarán, sin embargo, la misma satisfacción quienes no puedan
controlar el producto del que forman parte.
Se dice que las consultas electorales sirven para medir las opciones
que se presentan, pero lo que no se dice es que al medir es como se
constituye lo que se pretendía medir, esto es, al medir es como se
constituye, materialmente hablando, el objeto-opción electoral. Las
opciones, electoralmente hablando, comienzan a existir en el
momento en que son medidas. Las consultas electorales crean
realidades al tiempo que las miden. Los partidos que concurren a las
elecciones comienzan a existir, electoralmente hablando, cuando
tras el recuento electoral se da a conocer el tamaño respectivo de
cada uno de ellos.
Electoralmente hablando, se pude decir que un partido es lo que mide, sin
que se pueda medir lo que ES, dado que antes de ser medido carece de
existencia. Comienza a existir en el mismo momento en que es medido.
Pero, dado que cada cual infiere su propio significado al significante
propuesto, el objeto-opción electoral no pertenece a quienes lo constituyen
sino a quienes tienen potestad de administrar el objeto surgido de la
medición de la opción electoral. De esta manera se crea un objeto que
escapa del control de quienes han sido utilizados como materia
para su construcción. Siendo, por tanto, los intereses de quienes
administran el objeto-opción y no de quienes la constituyen lo que
prevalece.
Quien se apodera del objeto construido lo utiliza al servicio de sus intereses
como más estima conveniente, coincidan o no con los intereses de quienes
producen y constituyen el objeto construido. Este modo de proceder se ve
de manera más nítida cuando la mayoría absoluta se alcanza en virtud de
acuerdos postelectorales. Para que, tras acuerdos postelectorales, se
alcance la mayoría absoluta, es preciso convertir en un único conjunto dos
o más conjuntos de diferente naturaleza. Para que ello pueda efectuarse,
las características singulares de cada conjunto han de disolverse al servicio
del nuevo conjunto construido. Si no fuese así sería imposible sumar dos
conjuntos entre sí. Tal y como nos enseñaron en la escuela no es posible
sumar peras con manzanas. No es posible porque el resultado de la
operación serían manziperas o perimanzanas, elementos que no
pertenecen a ninguno de los conjuntos. Sólo cuando convertimos las
manzanas y las peras en piezas de frutas con las que hacer, por ejemplo,
una macedonia podemos realizar la suma. Dependiendo del uso que
pretendamos hacer tendremos uno u otro conjunto, esto es, dotaremos de
una u otra naturaleza a los conjuntos constituyentes. Del mismo modo se
procede cuando se suman los votos de distintos objetos electorales. Cada
objeto electoral se convierte en tantas realidades como se estime
conveniente para atender la finalidad que en cada momento pueda
presentarse. En consecuencia, no es ya que el fin justifique los medios sino
que la finalidad crea los propios medios.
De este modo, las unidades de medida, que en tanto sujetos hablantes,
configurar estructuras -es como si los centímetros pudieran hablar entre sí
y pudieran posicionarse como afines, contrarios, diferentes o ajenos entre
sí- quedan medidas -quedan estructuradas entre sí- de acuerdo con el
interés de quien tiene poder para ejercer de kantiano sujeto transcendente.
Es decir, queda estructurado el cuerpo de electores como más convenga a
sus intereses y no necesariamente como grupalmente tiene lugar. Quien
administra los votos agrupados procedentes de distintas opciones, al no
tener en cuenta (por desconocimiento o por intención deliberada) ni las
motivaciones que han llevado a cada persona a decantarse por una u otra
opción ni las estructuras grupales que se articulan o pudieran articularse en
torno a las necesidades y demandas sociales, opera con las personas
considerándolas en su dimensión de unidades de medida, esto es, sin
preguntar si están a favor o en contra de quedar agrupados en la opción
resultante de los acuerdos postelectorales. Algo que, en tanto que unidades
de medida, resulta comprensible, pues nadie pregunta a los centímetros
cada vez que se procede a agregar dos o más mediciones efectuadas con
anterioridad, pero que sí resulta censurable en tanto que seres humanos
que eligen entre varias opciones, ya que puede ocurrir (de hecho ocurre,
véanse los acuerdos postelectorales en distintas consultas electorales) que
se pervierta la voluntad de quienes votaron a una opción determinada.
Sirva para la reflexión las siguientes preguntas: ¿todos los que en las
últimas elecciones autonómicas (mayo de 2003) han votado en la
Comunidad de Madrid a Izquierda Unidad están de acuerdo en que sus
votos se junten con los obtenidos por el PSOE? ¿También quienes hace
unos años no estaban de acuerdo en establecer pacto alguno con este
partido, ya que lo identificaban con la corrupción y los crímenes de Estado?

DE LA ELECCIÓN DE RESPUESTAS  A LA  FORMULACIÓN DE PREGUNTAS Y RESPUESTAS
¿Dado que las grupalidades no se corresponden con las agrupaciones, se
debería, entonces, habilitar dispositivos para que fuesen los grupos y no los
individuos quienes participasen en las consultas electorales?
Siendo coherente con lo expuesto hasta ahora, habría que contestar
afirmativamente.
El problema surge en el momento de convocar a los grupos, pues
previamente habría que identificarlos.
Cada vez que hay elecciones cada persona mayor de edad recibe una
notificación en donde se le anuncia dónde puede votar, pero a qué dirección
se ha de dirigir la notificación para que los grupos acudan a depositar su
voto en su correspondiente urna electoral. Distintas organizaciones se
sentirán legitimadas para que la notificación se dirija a su domicilio postal.
Los sindicatos considerarán que en su domicilio postal es donde se ha
recibir la notificación para que acuda a las urnas el grupos constituido por
los trabajadores; las organizaciones feministas dirán que a su domicilio ha
de llegar la notificación del grupo que integra a las mujeres; las
organizaciones juveniles, ídem de ídem; las organizaciones de pensionistas,
ídem de ídem; las de inmigrantes, ídem de ídem. Y aquí no acabaría, habría
quien reclamaría que se le enviara la notificación correspondiente en tanto
organización que aglutina al grupo de vecinos del barrio, o de consumidores
o de defensa del medio ambiente de la localidad, o de ....
Obviamente, optar por esta vía presenta algunas objeciones. Entre otras, y
sin exhaustivos, cabrían las siguientes:
a) No todas las personas pertenece a alguna organización.
b) No todas las personas pertenecen a una sola organización.
c) Hay miembros de grupos que rechazan ser representados por las
organizaciones que dicen ser sus representantes (léase, sindicatos,
organizaciones feministas, de vecinos, etc.).
d) Diferentes organizaciones se atribuyen la representación de un
supuesto mismo grupo.
e) Una persona no es la misma en todo tiempo y lugar -recuérdese a
Heráclito cuando decía que no nos bañaremos dos veces en el agua del
mismo río-, por lo tanto, los grupos no son inmutables, dependiendo de lo
que esté en juego se articularán unas u otras relaciones grupales.
En definitiva, no pertenecemos tanto a grupos como a distintas redes
sociales. Es en las redes sociales en donde cada persona fragua sus
necesidades y prioriza sus intereses. Redes en las que quedan incluidas
las propias organizaciones y grupos sociales, estén o no formalmente
constituidos.
Parece que la cosa se complica. Lo que ganamos en claridad conceptual
parece que lo vamos a perder en operatividad, pues si difícil era convocar a
los grupos, más difícil, en principio, resultará convocar a las redes.
Si consideramos la redes como entidades dotadas de naturaleza propia,
resultará no difícil sino prácticamente imposible operar con ellas, pero si
tenemos en cuenta que las redes no son canales fijos donde, cual góndola,
circulan los seres humanos y sus mensajes, sino que las redes la
conforman seres humanos que quedan conformados (identificados) en la
redes que se modifican según lo que esté en juego, no resulta tan
imposible contactar con ellas. Si bien, no se puede pasar por alto la
complejidad del asunto: para dar cuenta de las redes tenemos que
convocar a los seres humanos que la integran, pero para saber quienes
integran unas u otras redes hemos de conocer la composición de las redes
sociales. Afrontar una realidad compleja requiere una estrategia compleja.
Abordar este bucle requiere aplicar otro de un nivel superior. Superar el
bucle del conocer que nos remite al conocer requiere construir lo que
queremos conocer. Planteamiento que nos exige no tanto conocer redes
como propiciar la puesta en escena de todas las redes posibles [no todas
las posibles redes] con las que aprender a aprender las necesidades
sociales. De este modo, la articulación de las redes concretas de la
localidad concreta nos da cuenta tanto de las necesidades concretas como
de las propuestas concretas con las que atenderlas, pues, el que se diga
que se ha de propiciar la puesta en escena de las redes posibles, no
significa que las redes estuviesen esperando en el camerino de la vida para
representar su papel en el teatro del mundo, sino que adquieren su
existencia en el devenir conversacional.
Este modo de proceder supone un salto cualitativo respecto a la democracia
delegada. Este modo de proceder auna lo individual y lo grupal porque se
participa como miembro de una red que construye redes, o dicho de otro
modo, se participa individualmente para defender intereses grupales.
Haciendo que prevalezca quienes se representan la realidad sobre los
representantes, subordinando la elección a la distinción (a la capacidad de
decidir), esto es, subordinando la posibilidad de contestar a la capacidad
para generar preguntas y formular propuestas. La democracia, así
entendida, no se limita en permitir, cada cierto tiempo, la elección de
quienes se presentan a las elecciones de turno, sino que propicia la
enunciación de problemas sociales y el modo de resolverlos. Como dice el
Equipo del Reparto, en relación a los presupuesto participativos llevados a
cabo en Cabezas de San Juan (Sevilla), el trabajo desarrollado "era una
excusa para propiciar un proceso de transformación social [...] El Reparto,
por si no había quedado claro todavía, va de eso: reparto no de dinero, sino
de poder, de poder hacer" (EQUIPO el REPARTO, 2002: 197 y 230).
¿Por qué se dice que prevalece quienes se representan sobre los
representantes?.
En otro momento se ha dicho que en la democracia delegada cada elector
infiere su particular (e intransferible) sentido a un mismo supuesto
significante, construyéndose un objeto-opción-electoral que escapa del
control de quienes lo constituyen, siendo los representantes quienes se
apoderan del mismo, dotándole del significado que en cada momento más
le convenga. En la democracia participativa conversacional también cada
persona se representa la realidad de manera particular e intransferible,
pero en vez de adherirse a un significante cada uno tiene la oportunidad de
conocer cómo cada cual se representa la realidad, siendo en la negociación-
conversación como se construye un objeto-opción-propuesta perteneciente
a todos y cada uno de los que conforman el todo grupal. Por tanto, los
sujetos que se representan la realidad no son sólo quienes construyen el
objeto-propuesta sino también quienes se apropian del mismo.
Al descansar el modo de proceder en la conversación, tiene lugar, como en
toda conversación que se precie, no únicamente la formulación de repuestas sino también la elaboración de preguntas. Pues, como se sabe,
quien construye las preguntas define el marco de las posibles respuestas.
Al definir un problema no sólo se enuncian las preguntas sino también las
posibles respuestas. Dependiendo, por ejemplo, de cómo se defina la
inmigración se habilitarán sus correspondientes repuestas. Recuérdese la
frase que Aznar pronunció cuando las autoridades españolas fueron
acusadas de haber atado, amordazado y drogado a un grupo de
inmigrantes que fueron expulsados de nuestro país: "Teníamos un
problema y lo hemos solucionado". Quien define el problema define el
marco de las posibles respuestas.
Teniendo en cuenta lo dicho, se ha de afirmar que el simple recurso de la
telemática no cambia sustancialmente la participación distributiva propia de
la democracia delegada. La telemática puede ser utilizada para desarrollar
procesos participativos, pero ha de tenerse en cuenta, por una parte, que el
número de usuarios de los recursos informáticos es, hoy por hoy, bastante
reducido; y, por otra, que no es suficiente con disponer del soporte
comunicacional si lo que se comunica no difiere sustancialmente de aquello
que los medios de comunicación -controlados por el capital transnacional-
determinan que ha de ser considerado como relevante. La incorporación y
distribución de información no es equivalente a la comprensión crítica y a la
comprensión activa en el entorno que nos rodea. O dicho de otro modo, no
es suficiente con dar la palabra si este derecho no va acompañado de un
proceso que favorezca la formulación de otras preguntas por parte de
quienes siempre han sido utilizados para que respondan a las preguntas
elaboradas por los de siempre. Ello no quiere decir que haya que estar en
contra del uso de la informática, muy al contrario [véase el uso que de
Intenet hace el subcomandante Marcos], siempre que no se olvide que el
uso de la tecnología ha de encontrarse supeditado al modelo de
participación por el que se apueste.
En línea con esta apreciación, se ha de decir que la democracia participativa
tampoco puede reducirse a la creación de órganos administrativos más o
menos puntuales de participación directa. Sin descartar estas medidas, las
democracias participativas han de ir más allá, como dice Villasante, "el
problema no es tener o no una concejalía de participación o reglamentos de
participación, sino de concebir y poner en prácticas procesos de democracia
participativa, que es algo muy distinto" (VILLASANTE: 1996: 30). O como
dice El Equipo el Reparto: "la misión era que los políticos del municipio
comprendieran y asumieran que el Reparto no era sólo la creación de un
nuevo organigrama más eficaz para la gestión municipal, sino que
hablamos de reparto de poder; o sea, tomar decisiones políticas" (EQUIPO
el REPARTO, 2002: 204). En consecuencia, no es suficiente con habilitar
dispositivos de elección directa, sean estos vía telemática o de manera
presencial. Estos dispositivos han de enmarcarse en procesos participativos
conversacionales.
En la democracia delegada unos deciden cómo se ha de proceder y otros
son quienes disfrutan o padecen las actuaciones que se desprendan de los
planes, programas y proyectos que se implementan, y, asimismo, unos
conocen y otros son objeto de conocimiento. Unos extraen información (los
técnicos) a otros (la población), y otros son quienes planifican, o dan las
directrices que han de seguirse en la elaboración de los planes (los
políticos).
Para acabar con el divorcio entre quienes son sujeto de y quienes son
objeto de conocimiento, así como entre quienes planifican y actúan y
quienes disfrutan o padecen las actuaciones emprendidas, para que, en
definitiva, la comunidad en su conjunto tenga tanto capacidad para
formular los problemas como pueda proponer las soluciones a los mismos,
se ha de propiciar que la ciudadanía, de manera participada, produzca
conocimiento, formule propuestas, adopte decisiones, planifique,
ejecute acciones, gestione y evalúe lo realizado. Para ello, como se
viene diciendo, se ha de propiciar la participación conversacional. Pues
conversar es negociar, y viceversa: "Lo que yo digo que tú dices que yo
digo es o no es lo que yo digo que tú dices que yo digo". Si bien, es difícil
que mediante una simple convocatoria pública comience la conversación sin
más. Para que la conversación se produzca se ha de iniciar un proceso de
investigación/planificación social participada mediante el cual se llegue a
formar un conjunto de acción lo más denso posible, esto es, lo más amplio
y que con la mayor intensidad posible aúne a los afines con los diferentes e
incluso con los ajenos en la formulación de problemas y en la forma de
planificar el modo de resolverlos.

LA PARTICIPACIÓN CONVERSACIONAL
Al objeto de contribuir a la elaboración de métodos participativos
conversacionales, a continuación se expondrá una propuesta3 con la que
facilitar la participación de la población en la producción tanto de
conocimiento como de propuestas con las que intervenir en los asuntos
públicos.
Cuatro interdependientes e interrelacionadas fases contemplan el
procedimiento que se propone: Conversación inicial, Conversaciones en las
redes, Dialógica informativa y Conversación proyectiva.

1. Conversación inicial
Lo primero que ha de tenerse en cuenta es que hay que partir de lo dado y
no de lo deseable. Nuestras propuestas han de encontrar acomodo en las
legitimidades que hoy estructuran la participación en los asuntos públicos.
Hemos de contar con los representantes institucionales que las urnas
periódicamente los legitima. Hemos de contar con los técnicos
pertenecientes a las administraciones públicas, cuya relación contractual los
legitima. Hemos de contar con el tejido asociativo cuya legitimidad viene
amparada, en mayor o menor grado, por la capacidad para articular
movimientos en favor o en contra de propuestas que inciden en la vida
pública. Hemos de contar con los profesionales externos cuyos
reconocimientos académicos los avala, y, por supuesto, hemos de contar
con la población, con los diferentes niveles que articulan la conciencia
ciudadana: con los grupos animadores, con los sectores activos y con la
base social.
Asumido este primer requerimiento, seguidamente se han de fijar tanto el
tiempo y los recursos humanos, materiales, económicos y organizativos con
los que se cuenta para la puesta en marcha del proceso como la partida
presupuestaria que se va a destinar a las decisiones que participadamente
se adopten. Si no se hace así, algo que es más frecuente de lo que debería,
la conversación puede darse entre iguales sin más pretensión que la que se
deriva de la capacidad expresiva de toda interacción humana. Pero lo que
no se puede, o, al menos, no se debería, hacer, es convocar a la población
a la participación en una conversación de carácter instrumental a la que
finalmente se la sustrae esta dimensión y ni siquiera queda convertida en
una de carácter expresivo (al menos si hay fiesta la gente puede que
repita). Esto es lo que explica, o al menos ayuda a explicar, la escasa
participación de la población en algunos encuentros a la que es convocada.
La población si no encuentra ningún aliciente asociado con la convocatoria -
como puede ser el salir en televisión, hacer amistades, o adquirir
conocimientos sobre el tema en cuestión- y por otra parte, lo hablado
queda a título de inventario, dado que, en muchas ocasiones, se carece de
presupuestos económicos, de medios y de recursos humanos con los que
propiciar los cambios que se han abordado en los debates, es comprensible
que se muestre reacia a participar en encuentros.
Para evaluar y reelaborar periódicamente el desarrollo del proceso,
conviene que una Comisión se encargue del seguimiento del proceso. En
sus inicios la Comisión de Seguimiento la constituirán los representantes de
la administración (políticos y técnicos) y del tejido asociativo, así como el
equipo mediador.
Para constituir la CS se ha de partir de una conversación inicial, pero,
aunque parezca de perogrullo, para conversar se requiere estar
predispuesto a conversar, por lo que, obviamente, iniciarán la conversación
quienes ya previamente han conversado sobre cuestiones relacionadas con
determinadas problemáticas sociales. Para propiciar el aumento del número
de conversadores se han de tener las puertas abiertas para la incorporación
de nuevos actores sociales. Es más, el proceso participativo se ha de
proponer como uno de sus objetivos aumentar el número de
conversadores. Para ello, se tiene que procurar dar a conocer el proceso
iniciado mediante todo tipo de iniciativas: programas de radio, televisión,
actos públicos, actividades lúdicas-festivas, etc., para que de este modo,
tanto la población en general como el tejido asociativo que no tuviera
conocimiento del proceso iniciado pueda incorporarse al mismo, en la CS o
en otras comisiones de trabajo que el proceso proporcione, o, si desea
tener una participación más intensa, como integrantes de los grupos de
apoyo al equipo mediador.
Se ha de diseñar un plan para dar a conocer al conjunto de la ciudadanía el
proceso iniciado, con el objetivo de despertar el interés de la población por
participar en el proceso, al tiempo que se crea un clima favorable con el
que consolidar los compromisos adquiridos.
Estas reuniones han de servir para concretar el diseño del proceso. Para la
realización del diseño es aconsejable solicitar la participación de expertos
externos. Un procedimiento ideal sería una triangulación constante entre
expertos convivenciales (los vecinos que forman parte de los grupos
constituidos), expertos metodológicos (equipo mediador) y expertos
temáticos (profesionales que tienen un amplio conocimientos sobre
determinadas áreas).

2. Conversaciones en las redes
Todos presumimos de conocer la realidad, sin embargo, no sólo no
conocemos otros mundos que comparten el mismo espacio en el que
habitamos, sino que tampoco conocemos las ramificaciones de los mundos
con el que nos relacionamos. Por ello, se ha de poner los medios para
conocer las redes sociales y las posiciones discursivas que se estructuran
en torno a una determinada problemática social.
El análisis de redes nos va a permitir, por una parte, recoger las
necesidades y deseos grupales; por otra, dar cuenta de los nexos y
vínculos que mantienen entre sí las instituciones, el tejido social formal y la
población. Para conocer tanto las redes sociales de la localidad como para
conocer las diferentes posiciones discursivas en torno a la problemática
social, se ha de proceder a recoger los discursos que tienen lugar en la
localidad objeto de estudio. Para facilitar esta tarea es conveniente
confeccionar previamente un sociograma en el que se visualice las
relaciones sociales que estructuran el tejido social de la localidad. Si bien,
como advierte Pedro Martín, se deberá tener especial cuidado para no
quedarse "enredado en una sola red" (MARTÍN, 1999: 138). Es decir, se
ha de tener cuidado para que los pre-supuestos o contactos iniciales no
polaricen o nublen otros espacios sociales presentes en la localidad.

3. Dialógica informativa
En esta fase, en los Encuentros de creatividad social, talleres, asambleas
parciales, sectoriales y generales, que al efecto se habiliten, se ha de
fomentar la dialogización necesaria para que el conocimiento florezca fruto
de la pugna que mantengan las ideologías de unos por convertirse en la
lógica de todos. Estos Encuentros, en donde se procederá a debatir y a
reflexionar sobre el contenido de las diferentes posiciones que se
estructuran en torno a la problemática objeto, servirán para que las nuevas
redes que se han ido propiciando inicien su consolidación a tenor de las
inquietudes y necesidades comunes que vayan emergiendo. Siendo en la
concreción de las soluciones a los problemas enunciados cuando éstas (las
redes) a su vez se concretarán.
En estos Encuentros se han de intercambiar continuamente los papeles. Lo
observado por el equipo mediador ha de convertirse en materia prima para
ser observado, y, a su vez, la observación de los procedimientos empleados
en la observación de lo observado ha de utilizarse para formular nuevas
propuestas. De esta manera se favorece el que todos pueden inferir sentido
(construir realidades) a la energía (propuestas) que cada cual emite.
Asimismo, como se ha dicho antes, la dialógica informativa ha de propiciar
la reflexión, pues, conviene tener presente que no es suficiente con la
conversación sin más para que surjan propuestas diferentes a las que, sin
que haya habido un proceso participativo, se presentan habitualmente. Los
vecinos de un municipio no están exentos (más bien todo lo contrario) de la
influencia de la doxa dominante. Sirva como ejemplo de esta advertencia la
remodelación urbanística que en los años ochenta se llevó a cabo en la
periferia del municipio de Madrid. Este proceso urbanístico puede ser
considerado, en cuanto a la participación ciudadana en el diseño de los
barrios, un hecho sin parangón en Europa (VILLASANTE et. al: 1990), sin
embargo, el diseño resultante puede ser calificado, en algunos casos, de
árido. Los vecinos que habitaban en chabolas, hartos del barro de sus
calles, consideraban la pavimentación y todo lo que oliese a cemento como
sinónimo de ciudad, y, por ende, de integración social. No es de extrañar
que muchos vecinos, a los que se les ofreció la posibilidad de elegir entre
una vivienda unifamiliar o una vivienda en altura, eligieran lo segundo. En
aquellos años todavía no había comenzado el boom del chalé adosado, y la
vivienda de una planta se asociaba con la vivienda rural, al contrario de la
vivienda en altura que se identificaba con la ciudad en la que habitaban las
clases medias.
Para favorecer la elaboración de propuestas alternativas se ha de procurar
mostrar los anclajes ideológicos entre significantes (en donde unos ejercen
de significados). Para acometer esta tarea es aconsejable recurrir a la
mayéutica socrática consistente en preguntar sobre las respuestas, en
responder con una pregunta, en responder con otra respuesta o en
responder respondiendo a la respuesta.

4. Conversación proyectiva
En esta fase se ha de proceder a consensuar propuestas con las que
elaborar el Plan de Acción Integral. Para acometer esta tarea no ha de
aplicarse ni la deducción, ni la inducción sino la abducción. En la abducción
no se va de lo general a lo particular, ni de lo particular a lo general, sino
que se agregan discursos con los que proyectar nuevos escenarios posibles.
El PAI (Plan de Acción Integral) deberá, al menos, encontrar respuestas a
las siguientes preguntas: Cómo se denomina, en qué consiste, en qué
áreas actuará, por qué ha de hacerse y ha de hacerse de la forma que se
propone hacer, qué actividades y tareas se han de realizar, para qué se
quiere realizar, esto es, a qué contribuirá el Plan, qué ha de conseguirse
para lograr la finalidad propuesta, dónde se realizará, cuándo se va hacer,
cómo se va a proceder, con qué y con cuántos recursos humanos,
económicos y materiales se dispone para su realización, quién ha de
responsabilizarse de su ejecución, qué estructura organizativa y de gestión
se requiere, y cómo se va a evaluar.
En este sentido, se ha de decir que la gestión del ámbito público no se ha
de dejar únicamente en manos de las administraciones públicas, sean
centrales, autonómicas o locales. Para que se gestiones y evalúe de
manera participada se debería constituir un órgano integrado por los
representantes de las instituciones públicas, por los representantes del
tejido asociativo y por los representantes de los equipos de trabajo que
pongan en marcha los proyectos.

A MODO DE INACABAMIENTO
Cuando se ponen en marcha procesos de democracia participativa, la
ciudadanía cobra su dimensión práxica. Esto es, los ciudadanos que
participan en las decisiones que transforman a la ciudad quedan
transformados al participar en las decisiones que transforman las ciudad.
Dicho de otro modo, no solamente las decisiones que se adopten
condicionarán, en mayor o menor medida, la vida de las personas, sino que
el propio hecho de participar transforma a quienes participan en el proceso
participativo. Siendo, por consiguiente, tan importante los procesos como
las decisiones que se adopten. Lo que nos lleva a decir que la democracia
es deficiente si no es participativa.
Por último, se ha de decir que este modo de proceder permite que todas las
personas tenga poder sin que nadie sea dominado. Y no porque hayan
aceptado la propuesta que Rousseau formula en el capítulo I de El Contrato
social, según la cual, si todos aceptan que se ha de actuar de acuerdo con
el interés general nadie obedece a nadie en particular (ROUSSEAU, 1970),
sino porque se ejercen el poder de manera hologramática, esto es, todos y
cada uno ejercen el poder sobre el todo que incluye a todos y a cada uno.


BIBLIOGRAFÍA CITADA
EQUIPO EL REPARTO (2002): "Más allá de los presupuestos participativos: El reparto en
las cabezas de San Juan" en Metodologías y Presupuestos participativos. Construyendo
ciudadanías/3 (VILLASANTE, Tomás R. y GARRIDO, Fco. Javier; Coords.). IEPALA,
Madrid.
GARRIDO, Javier (2002): "Planificación participativa para el desarrollo local" en
Metodologías y Presupuestos participativos. Construyendo ciudadanías/3 (VILLASANTE,
Tomás R. y GARRIDO, Fco. Javier; Coords.). IEPALA, Madrid.
MARTÍN, Pedro (1999): "El sociograma como instrumento que desvela la complejidad" en
Empiria. no 2, 1999, págs 129-151.
RAMOS, Ramón (1996): "Jano y el ornitorrinco: aspectos de la complejidad social" en
Complejidad y Teoría Social. CIS, Madrid.
ROUSSEAU, J.J. (1970): El contrato social, Aguilar, Madrid.
VILLASANTE, Tomás R. (1996): "¿Qué democracia?: La democracia participativa
realmente existente" en El Viejo Topo (revista), págs.: 26-34, no 100, octubre 1996.
VILLASANTE, Tomás R., et al. (1989): Retrato de chabolista con piso: Análisis de redes
sociales en la remodelación de barrios de Madrid, SGV/IVIMA/Alfoz, Madrid.
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